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Liquidación de temporada: ¿qué es realmente la moda?

Periodista:
Patricia Rodón
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¿Qué me pongo?, ¿me queda bien?, ¿me hace más joven?, ¿es adecuado para la ocasión?, ¿estoy a la moda? son apenas algunas de las preguntas que miles de personas se preguntan todos los días a la hora de vestirse y salir a la calle a desarrollar las más diversas tareas.

La mirada del otro sanciona la vestimenta que usamos: la aprueba o desaprueba en virtud de cómo nos queda, de si es la correcta para la situación o de si cumple con las tendencias de esa temporada. Estos factores, entre otros, inciden en el juicio que, pronunciado o no en voz alta, dictamina cómo nos vestimos.

Pero, ¿qué es la moda? La definición de moda es ambigua y amplia, ya que se refiere tanto a la industria de la indumentaria, a la que se suma la de la cosmética, y que incluye directamente a las modas del consumo de muy diferentes grupos sociales. También se puede definir a la moda como “un cambio social específico, regular y no acumulativo que se despliega más allá de la indumentaria, en múltiples sectores de la vida social”, sintetiza el investigador Frédéric Godart en su libro Sociología de la moda, publicado por editorial Edhasa.

Godart explica que es un cambio regulado porque se produce a intervalos constantes y breves –dos veces al año en el caso de la indumentaria- y no es acumulativo porque no agrega elementos nuevos a los cambios pasados, sino que los reemplaza.

La moda conjuga la actividad artística con la económica y su poder radica en la “marca” de los creadores quienes transforman la materia prima de las telas en objetos mágicos, significantes de estatus social. Es decir, que como actividad económica produce objetos y como actividad artística produce símbolos; es decir, va más allá del atuendo para convertirlo en un objeto portador de sentido.

Otra de sus cualidades específicas es la separación entre el componente femenino, que es el se impone por su diversidad y dinamismo, y el masculino. Por todo ello, la moda es a la vez, un complejo hecho social y una industria en la que la construcción de sentido es central.

Para el sociólogo francés, hay seis principios que destacan en la moda a través de los cuales es posible comprender mejor sus mecanismos. El primero es el de afirmación, “mediante el que individuos o grupos sociales se imitan y distinguen usando señales indumentarias”. El segundo es el de convergencia, puesto que aunque los estilos tienen distinto origen, “la producción y traducción al diseño se realiza en casas de moda señaladas y situadas en ciudades determinadas. La enorme variedad de estilos se reduce a unas pocas tendencias regularmente renovadas”, distingue Godart.

El tercero es el principio de autonomía ya que en sus elecciones las casas de moda que dominan el mercado son parcialmente autónomas de su entorno político y económico. El cuarto principio es el de la personalización, que ubica al creador en el centro de la industria. El quinto es el de simbolización, “que otorga a las marcas un rol preponderante entre los productores y los consumidores”. Y el sexto es el principio del imperio, que muestra cómo la moda está dominada por un grupo acotado de empresas.

Con rigor académico, Godart desmenuza cada uno de estos principios y analiza la dinámica de la moda desde su nacimiento avanzando sobre los fenómenos de imitación, distinción, devoción por lo suntuario, historia de la producción de indumentaria, creación de estilos, marcas y grandes monopolios, las claves de la alta costura, los desfiles de modas, las modas de las subculturas y la moda barata, y las estrategias para la “construcción” de consumidores.

Como indica su título, Sociología de la moda aborda este amplio campo de la historia de la cultura desde los estudios sociales, revelando algunos de sus aspectos más complejos y los patrones que determinan estéticas, cultos a modistos, adoración por marcas y supermodelos, la desnudez de los tipos de consumidores “atrapados” entre telas y etiquetas y el vasto universo simbólico de la vestimenta.

Patricia Rodón